Se siente un despertar impaciente,
Relevación divina en conjunto con el oriente
La marea juega su curso con mi mano
El conjunto yo-mar se sale de lo humano.
A lo lejos veo una vista contemplativa,
De una extraña mujer, muy colorida;
Su sonrisa se despide aún curioseando,
Por una extranjera que acaba de ver con el mar bailando.
La marea juega con mi cuerpo,
Lo lleva, lo conduce sin titubeo,
Yo con el mar bailo y en el fondo veo,
Que vuelve a la vida lo que parecía muerto.
Regresa a la vida aquella aguerrida
Que no tiene miedo a caer, ni a la vida,
Que tiene que recordar la felicidad desmedida,
Que por distracciones efímeras y la rutina parecía perdida.
Retorna de un viaje infinito bailando,
Su corazón se excita tiqui-taqui sonando,
Su cara y su piel de la emoción van temblando,
Por las cosas desconocidas que la vida irá ensamblando.
Escrito el 03/06/11 en las playas de Zanzibar, Tanzania



